Yet the masses was a new word for mob, and the traditional characteristics of the mob were retained it its significance: gullibility, fickleness, herd-prejudice, lowness of taste and habit. The masses, on this evidence, formed a perpetual threat to culture. Mass-thinking, mass-suggestion, mass-prejudice would threaten to swamp considered individual thinking and feeling. Even democracy, which had both a classical and a liberal reputation, would lose its savour in becoming mass-democracy. […]

But if this is so, it is clear that what is in question is not only gullibility, fickleness, herd-prejudice or lowness of taste and habit. It is also from the open record, the declared intention of the working people to alter society in many of its aspects, in ways which those to whom the franchise was formerly restricted deeply disapprove.”

Raymond Williams, Culture and Society, 1985:288

This is the first post on a series I wrote about citizen journalism and journalistic uses of online technologies. Please compare (if you read Spanish and English) with this post from today on HASTAC. This is the debate today. I am tired of defeatism and conformism, and with taking situations as unchangeable or natural when they are subject to positive transformation. Let’s get creative and productive…

Professor Friedrich A. Kittler interviewed about Twitter in 2003… #comics #socialmedia
Quote from the interview  [PDF]with John Armitage, “From Discourse Networks to Cultural Mathematics,” Theory Culture Society 2006; 23; 17.
*N.B.: This, like others in this same A Life Deferred! series,  is a joke. He was not talking specifically about Twitter… (then again, of course he was!).

Professor Friedrich A. Kittler interviewed about Twitter in 2003… #comics #socialmedia

Quote from the interview [PDF]with John Armitage, “From Discourse Networks to Cultural Mathematics,” Theory Culture Society 2006; 23; 17.

*N.B.: This, like others in this same A Life Deferred! series,  is a joke. He was not talking specifically about Twitter… (then again, of course he was!).


More and more established magazines are publishing posts which resemble the early days of blogging and perhaps what many of us do on Tumblr and with less characters on Twitter, which is curating links to posts on other publications and commenting them. I think this is generating a very healthy cross-observation and interaction between different titles, as well as shaping a relatively new journalistic practice defined by critical curation and annotation which helps readers get a new perspective on some subjects. Here The Atlantic Wire comments on The New Yorker's mostly conservative attitude towards Twitter, and offers some contextual material to frame the debate better.

Respuesta a Krauze

Como se sabía León Krauze publicó una respuesta a mi post de Nexos en el blog de la redacción de Letras Libres [hacer clic aquí].

Dejé mi respuesta en el área de comentarios de su post mismo, como dicta la etiqueta en línea (esto no es el desolladero del Sábado caray). Ya que el comentario está esperando ser aprobado, copio y pego mi respuesta aquí abajo.

——

Agradezco a León por su post y a Letras Libres por publicarlo.

Si quisiera yo seguir en la mentalidad del status quo, esperaría a publicar mi réplica en Nexos. En la lógica que todavía impera en los medios mexicanos eso “nivelaría” un poco el terreno de juego, porque como nos recordó León no todos los medios “valen” lo mismo. Sin embargo, la etiqueta en línea dicta que yo responda en este mismo espacio. Agradezco me lo permitan.

Quisiera aclarar que por “pre-Internet” me refería a la jerarquía de las revistas impresas y las estaciones radiofónicas, no a su trabajo personal. Aunque en la actualidad o en el pasado reciente éstas hayan incorporado herramientas digitales, es claro que la “credibilidad” de un medio (en este caso si se quiere el blog de Letras Libres) no la da el que esté en línea, o que la edite quien la edita, sino que es una extensión de un medio impreso cuya autoridad se construyó a través del tiempo con tinta y papel, no en el Internet. Esta diferencia es objetiva y concreta.

León y yo tenemos la misma edad, así que habremos experimentado la emergencia del internet más o menos de la misma forma. Sin embargo es significativo que su experiencia comenzó fundando y editando “el sitio de Letras Libres,” es decir, (repito) una revista impresa, y no cualquier revista, sino una que ya había heredado la “credibilidad” de, precisamente, Vuelta, y no de otra. ¿Hay figura más canónica, más jerárquica en la escena literaria mexicana contemporánea que Octavio Paz? La pregunta no es retórica.

No se trata pues de separar o polarizar en “pre” y “post” o “old media” y “new media” sino que, precisamente, el Internet es también otra cosa. Hay una gran diferencia entre experimentar el Internet en sí mismo, publicando en línea como un fin en sí mismo y el hacerlo como una expresión paralela de un centro del cual surge la autoridad, en este caso el medio impreso. Cuando muchos de los medios impresos despertaron a la necesidad de tener presencia en la WWW, miles de bloggers ya habían hecho uso de esas tecnologías durante bastante tiempo, sin un fin otro más que compartir información. Esto es un hecho histórico, no una opinión.

Entiendo y comparto la necesidad de exigirle más rigor a un medio. Pero exigírselo a Twitter es como exigírselo al teléfono o a la máquina de escribir: el rigor lo dan los usuarios, y hay usuarios que no tienen la menor intención de hacer periodismo o en ser rigurosos.

Así como me imagino que León evita tener conversaciones telefónicas con personas que no fundamentan sus argumentos y que opinan de todo sin tener una formación mínima, así quisiera imaginar que no sigue en Twitter a ese tipo de personas. Como escribí en otro lado, hay de timelines a timelines en Twitter. Dime a quién sigues y te diré cuál es la opinión que te merece Twitter. Lo mismo aplica para el radio y otros medios. Es una necedad basada en una incomprensión el quejarse porque en Twitter hay “falta de rigor periodístico.” ¿Pues a quién sigue León?

En fin, si se lee mi artículo se verá que no descalifico a León personalmente: me refiero a los argumentos de su texto con los que estoy en desacuerdo. Puedo entender que como escritores nos tomemos la crítica a nuestras ideas como ataques personales, pero si queremos ser profesionales la diferencia debe tomarse en cuenta. León lo echa a perder todo con su última línea, cuya ironía no hace sino descalificar aún más —a mis ojos— sus argumentos.

Las redes sociales y el valor de un medio

Así está la cosa: justo cuando ayer el blog de la redacción de Nexos publicaba el artículo que me pidieron sobre un artículo de León Krauze en Milenio, yo preparaba un texto sobre medios sociales que me había pedido mi ex-alumno Pablo Duarte para el blog de Letras Libres. Como todo mexicano, conozco la antipatía Nexos/Vuelta-Letras Libres desde niño, en que mi inteligencia de 8 años los pensaba tan incompatibles como Marvel y DC.

Por supuesto temí que mi crítica al texto firmado por Krauze en mi artículo de Nexos podría resultarles incómodo a Letras Libres, sobre todo cuando mi colaboración versaba sobre un tema parecido y que mi posición era precisamente que el valor de un medio no lo da la “credibilidad” sino otros factores (en muchos casos, la jerarquía de la que goza en un contexto cultural determinado). Precisamente, en la práctica se comprobaba mi hipótesis general, que los medios establecidos (que llamé una “jerarquía pre-Internet”) están todavía demasiado preocupados por proteger sus propios intereses como para enfrentarse a los paradigmas de apertura y colaboración que el Internet propone teórica y pragmáticamente. El caso es que mi texto (lógicamente quizás para muchos) no se publicará ya en Letras Libres. Mejor síntoma de lo que quería explicar no puede haber.

Para mí, sinceramente, la diferencia entre publicar en el blog de cualquier revista a hacerlo yo mismo en este medio por ejemplo no es mucha. (Si la hay, acaso, es sólo de índole temporal). La experiencia me recordó una artículo que me gustó mucho cuando salió.  Hace unos meses, Zachary Seward, entonces del Nieman Journalism Lab de Harvard, le preguntó a Eric Schmidt, el CEO de Google, cómo se distinguía entre blogs de medios establecidos y blogs ciudadanos. En esa entrevista, Schmidt respondió:

It’s not the technology. My guess is — again, I’m speculating, which is always a mistake — it has a lot to do with the infrastructure around the writer. So a blog that’s associated with a major, legitimate organization — of which, I think, the majority, if not everyone, in the room is associated with — would be, I think, treated differently than an individual blogger who’s using his or her right of free expression to say whatever he thinks. So the presence of an editor, as an example. You know, an editor that’s not your mom.

Sé que Krauze hijo usará el espacio del blog de Letras Libres para publicar una respuesta a mi post de Nexos de ayer. Su derecho de réplica es legítimo. También sé, como él, que su respuesta tendrá más fuerza en ese foro que si lo hiciera en su blog (que ignoro si tiene) o en el propio Milenio. Lo que me queda claro es que la diferencia esencial (o diferencia de, digamos, “valor”) entre lo que publique él y este post mío que reproduzco aquí no es necesariamente la presencia o no de un editor.

Las redes sociales y la urgencia de hacer “clic”

Ernesto Priego

Cada época tiene sus propios “tiempos interesantes.” Éstos son los nuestros. Tuve mi primera computadora personal ya en edad adulta, por lo que no soy un “nativo digital” (el término es de Marc Prensky y data del 2001). Sin embargo, en cosa de 17 años he podido experimentar en carne propia cambios bastante radicales, definidos por la forma en que usamos computadoras y otros aparatos. Recuerdo por ejemplo un artículo que escribí para una revista en 1996 sobre el “chat”, que en ese momento tenía aterradas a las buenas conciencias que veían en la práctica una interrogación peligrosa de concepciones “estables” de identidad.  Las ansiedades que la interacción en línea causaba en ese momento reflejaban qué tan cosificadas estaban esas nociones imperantes. Una práctica social, comunicativa y textual,  facilitada por un recurso tecnológico, ponía en crisis una serie de fundamentos heredados y asumidos casi siempre de forma acrítica. Como en el famoso cartón del New Yorker, (Julio 5 de 1993: 61) “en el Internet,” decía un perro frente al monitor, “nadie sabe que eres un perro… “

Desde 1993 han pasado muchas cosas y sin embargo, si uno se guía por la mayoría de los artículos periodísticos que hablan de “redes sociales”, la cosa no ha cambiado tanto. Debería ser una necedad subrayar que los cambios tecnológicos son causa, expresión y consecuencia de fenómenos más amplios que ellos mismos. Una visión lineal y sin complicaciones es incapaz de siquiera acercarse a las complejidades de los cambios históricos. La tecnología, en este caso las computadoras y las formas en que interactuamos con y en ellas, sólo puede interpretarse interconectando procesos culturales, políticos, económicos y hasta fisiológicos. Es fácil reírse de las visiones que sobre el futuro se expresaron en el pasado desde el presente; ¡qué hilaridad causa leer que hace una década había quien se asustaba por los blogs y la confusión de lo público y lo privado, lo amateur y lo “profesional”! Por eso es importante recordar que una fenomenología de la interacción humano-computadora sólo puede darse desde la conciencia de esa particular posición espacio-temporal del aquí y ahora, sin embargo también inspirada por el deseo de construir el porvenir.

Los dos párrafos anteriores son extensas postergaciones del tema que quiero discutir en este espacio, pero obedecen a esta preocupación por encuadrar las sutilezas de la problemática. Es febrero del año 2010 y parece que ha pasado un milenio desde que el planeta escuchó de una red social en línea llamada “Facebook”, y también distante parece ya la popularización del nombre “Twitter.” Aunque es posible que sigan siendo desconocidos por una importante sección de la población mundial, ambas “redes sociales” o “medios sociales,” como también se les llama, son para muchos el pan de todos los días, tan normal como lo fuera en su momento para otras generaciones el correo, el telégrafo, el teléfono o la televisión.

Es en este contexto que es vital que la crítica a las tecnologías de intercambio de información actuales trascienda la tecnofobia característica de quienes se ven intimidados por la posibilidad de perder su autoridad (editores, periodistas, políticos, escritores, académicos atrapados en esquemas empolvados, que padecen una suerte de analfabetismo digital funcional de segundo grado). La crítica de los medios digitales es una disciplina específica que requiere de especialistas cuya formación no sólo sea empírica sino también teórica. Todos comemos y apreciamos la comida, pero no todos estamos calificados para la crítica gastronómica. Del mismo modo, la descripción de procesos culturales ligados específicamente al desarrollo de las tecnologías digitales requiere de especialización, y tiene que darse desde el entendido que en el último análisis, como lo advertía Frederic Jameson, todo al final es político.

Dónde se dicen las cosas importa tanto como el qué se dice, pero los valores que adjudicamos al dónde y al qué son variables y contextuales. En su momento el establishment gritó en horror ante Wikipedia, pero es un hecho constatable que en años recientes se ha convertido en referencia estándar para definir criterios en exámenes de doctorado, evaluar la importancia de una publicación y tomar decisiones en los comités editoriales de revistas académicas (Anuradha y Usha 2006; Hendler 2008). Los medios sociales en línea son y serán el campo de batalla mediático, académico y social done se debatirá el presente, y se construirá el futuro. Esto no es una verdad impuesta ni un slogan propagandístico; simplemente hay que asomarse a otras realidades más allá de las inmediatas. Negarles su importancia es tan ingenuo como adoptarlos sin reservas.  No hay tiempo para esperar a que los editores decidan la pertinencia de publicar este o aquél texto. El momento es ahora. Antes los periódicos perdían valor al día siguiente; ahora las opiniones y las noticias pierden relevancia en cuestión de minutos. No hay tiempo que perder. Hay que hacer clic urgentemente.

[Hacer click arriba para ir al texto de Jordi Soler. Mi comentario, aquí abajo:]

Parece que al fin Twitter comienza a aparecer con más periodicidad en los medios hispanos. Me gustó el artículo porque al menos no sataniza a Twitter ni cae en los más frecuentes lugares comunes. Sin embargo es notable que a estas alturas siga habiendo necesidad de artículos que expliquen “con manzanas” qué es Twitter.

Es urgente profesionalizar la crítica de los medios en línea. Los medios impresos deben asumir que los lectores si no son ya usuarios activos de redes sociales al menos ya saben qué son. Por lo tanto es absolutamente innecesario caer en el infinito loop de la obviedad:

"Twitter se despliega a lo largo de la pantalla del ordenador, el usuario va leyendo microtextos de personas, medios de comunicación o instituciones que le interesan y a su vez puede publicar en la pantalla, para quien lo vaya siguiendo, un comentario, una reflexión o un gracejo; cada quien es responsable de lo que publica y, al igual que sucede en la vida real, hay quien tiene miles de seguidores, y hay quien no tiene ninguno."

Un párrafo así sólo se justifica si se piensa que el lector de esa columna no sólo es frágil víctima de la llamada “brecha tecnológica” (una “brecha” no es lo mismo que una “división”, [Kate Williams 2001] pero así se ha traducido el término al castellano), sino que además jamás ha oído hablar de ella. Publicarlo en un periódico que se lee en todo el mundo en versión digital (y también a través de @el_pais) equivale a explicar de qué se trata el fútbol en el programa de mano de un juego de la Champions League.

Hay otros lugares comunes en el texto (¿será que Jordi no ha superado a U2 todavía? ya, por favor), pero el cliché que más me molesta es el de la “revolución.” Walter Benjamin, Raymond Williams (por no decir Terry Eagleton o Michael Löwy o cualquier otro crítico marxista de interés) se deben retorcer de dolor cada vez que en conexión con el Internet se usa el sustantivo con tanta ingenuidad y candor. Si hubo algún tipo de “revolución” (en el sentido en que se usa el término en relación por ejemplo con Gutenberg) en los medios digitales se dio el 25 de diciembre de 1990, cuando Tim Berners-Lee logró la primera conexión entre un cliente de HTTP y un servidor a través del Internet, no con la invención y uso de las redes sociales en línea. Usar el término en relación con Twitter es en el mejor de los casos un gimmick sensacionalista.

Lo que destaca del texto es otra verdad obvia: las redes sociales son formas en que se comunica la sociedad; los intermediarios (“gatekeepers”) de los medios tradicionales ya no son obstáculo para que la gente común y corriente con acceso a una computadora en línea exprese sus opiniones. Es clarísimo, lógico en el sentido más estricto que Twitter y otras redes sociales en línea permiten y provocan la organización y expresión de seres humanos que son también ciudadanos; por lo tanto no sólo pueden ser sino que deben ser y en muchos casos son ya una “fuerza ciudadana” (no hablo sólo de México). Como tal, despreciar e ignorar la voz pública expresada en Internet sólo será prerrogativa de dictadores y analfabetas.

Texto de Ernesto Priego